24 nov 2018

Con paciencia y trabajo
La paciencia quizá haya sido la principal de las virtudes de Eduardo Vera Hernández a lo largo de los años que lleva fuera de casa persiguiendo un sueño de esos que tienen los chiquillos beisbolistas.
Todo aquel que puede, repite esa frase de “si lo sueñas, es posible”.
Anoche nos lo dijo tan pronto sus papás le dieron los sentidos abrazos de bienvenida a casa. “Es como un sueño”, comentó el derecho de 24 años de edad, de vuelta tras un largo calendario fuera. Se pasó meses y meses en Estados Unidos y ahora que volvió, con su invitación para estar en la pretemporada del equipo grande de los Piratas de Pittsburgh, ve los frutos de años de sacrificio.
“Recuerdo que una vez le dije a mi papá, cuando tenía diez años: ‘Un día voy a jugar en Grandes Ligas’. No sabía lo que decía, pero ahora vemos que poco a poco vamos alcanzando la meta”, señaló el serpentinero, surgido desde los campos de la Liga Yucatán, seleccionado estatal y nacional, firmado por los Leones con solo 13 años de edad y, tras una larga travesía, está en la antesala de la Gran Carpa.

“Ha sido un largo camino, pero ha merecido la pena. Nada ha sido fácil. Te pasas mucho tiempo solo, y eso no es fácil. Hay que tener mucha paciencia”, comenta Eduardo, quien es parte de una generación de peloteros que fueron considerados en su momento material para llegar muy alto. Pero solo él sigue en la carrera. “A veces es lo más complicado, aguantar. Muchos se quedan en eso, en los primeros intentos”.
Él incluso estuvo a punto de claudicar hace unos años cuando tuvo que ser sometido a la operación de Tommy John, que ha acabado con muchas carreras prometedoras, pero a otros les ha permitido agarrar su segundo impulso.

Un 2018 espectacular

Eduardo vivió una gran campaña con el Altoona, filial se Doble-A de los Piratas, siendo clave para que el equipo avance a la postemporada. Cerró en gran forma y eso le valió que, al renovarle su contrato, le llegue con invitación al campamento primaveral del equipo grande.
Así, en febrero se unirá al trabajo de los peloteros que estarán jugando desde abril en Grandes Ligas. “Es como un sueño. Pero es igual ir todos los días a tratar de hacer algo mejor. Esforzarse a diario”, añadió.
Luego del gran año en Doble-A, regresó a México con autorización de realizar cinco apariciones con los Venados de Mazatlán en el Pacífico, con cuatro aperturas lanzando cinco entradas sin admitir carrera limpia. Una actuación que dejó a muchos con la boca abierta, deslumbrados por la joya yucateca que había llegado al circuito invernal mexicano.
A muchos, pero a él no. Porque él sabía de su capacidad. Y estaba consciente de que todo eso era parte del sueño, de aquella frase que dijo a su padre, el maestro Eduardo Vera Ruz, cuando era un chiquillo de diez años. El abrazo de sus padres tan pronto apareció en la salida del aeropuerto mereció la pena. Porque el respaldo de la familia será clave en los pasos que vienen, quizá mas duros que los primeros.— 

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