Trigésima Tercera Parte. HISTORIA DE LA LIGA INVERNAL VERACRUZANA. Por CESÁREO SUÁREZ NARANJO.- Decir "una temporada más que se va, y otra que viene", es únicamente un término común, parte de la existencia rutinaria de los dueños de los equipos de beisbol; pero, aun mucho más, de los mismos jugadores, que viven "el día con día" en el terreno de juego.
Al terminar una temporada, empacan sus "tiliches" con la idea de pasar siquiera unas semanas (¡muy pocas!) al lado de sus seres queridos; unos, con un contrato ya firmado de antemano, no tienen otro problema que cuidarse y estar en condiciones - físicas y mentales - para enfrentarse a un largo calendario veraniego (Ted Williams se iba a pescar, y se olvidaba de todo lo demás).. El viaje al campo de entrenamiento puede ser corto, o largo; dependiendo.Los que no cuentan con "ese contrato" tienen una preocupación mas: la de interesarle a un dueño de equipo; y de que, si lo firma, sea por la mejor cifra ($) posible. Esa es, sin darle más vueltas, la vida de un pelotero (o, en términos mas generales, el de cualquier deportista profesional; y, aunque no es comparable del todo, algo así como una vida de "gitanos"; con todo respeto a esa hermosa gente. Al menos así se lo decía mi madre a mi hermano Fred).
Si he hecho esta reflexión, es para hablar de algo que está en la idea de cualquiera que participa directamente en estas actividades; el dueño (o dueños) del equipo, por conseguir las mejores jugadores posibles, que estos rindan lo que se espera de ellos y, por supuesto, que las actuaciones de estos atraigan a mas aficionados, y que todo llegue a buen fin. Ésto es, sin duda, la meta de cualquier empresa ("porque el beisbol es deporte, pero también negocio"). Y los jugadores, obviamente, esperan tener una buena campaña, "la mejor de su carrera".
Desafortunadamente, las cosas no siempre se dan de la manera esperada. Y, así, nuestros dos circuitos invernales, que tan buena marcha habían tenido en sus temporadas anteriores, comenzaron a dar "tumbos" alarmantes en cuanto a la economía de algunos equipos, que ponían en peligro su existencia; tanto así, que parecía que se estaban viendo uno a otro en un espejo, pues la situación crítica por la que pasaba la Liga de la Costa del Pacífico, se veía reflejada en la Invernal Veracruzana. Y es que el problema parecía ser el mismo: "las nóminas", que se habían elevado demasiado en el afán de los dueños, de traer jugadores de mayor calidad y, por supuesto, con salarios bastante altos.
Los aficionados de la Costa habían visto llegar a gente como Bob Lemon, Whitey Ford, Clinton Courtney, Don Larsen, Ríp Repulsky, Dick Hall, Nippy Jones, etc.
Y en la Invernal Veracruzana a Sonny Dixon, Bob Hooper, Bill Glynn, Harmon Killebrew, Paul Pettit, ELROY Face, Jim Rivera, Clint Hartung, y, ¡bueno!, hasta al mismo Beto Ávila. La calidad subió; ni duda cabe. Pero muchos de los dueños se vieron en la difícil situación de no poder recuperar los costos (¡Y el "bolsillo" es el bolsillo, como pudo haber dicho don Alejo Peralta; cosa que ya habíamos adelantado en uno de nuestros capítulos anteriores).
Les hablo de la temporada de 1957/1958, que empezó como otra cualquiera, con las mismas seis plazas de cuatro años "para acá". Pero hagamos a un lado (aunque sea por un momento) los aspectos negativos, y enfoquemos - con la poca información que contamos - lo que tiene que ver con lo netamente deportivo, en lo que nos ofreció la temporada; y, para no andar con muchos rodeos vemos, en el anuario publicado por The Sporting News que, para ser invernal, fue una campaña inusualmente larga (extenuante, tomando en cuenta que la mayoría juega en verano un mínimo de 110/120 partidos) y en la que cuatro de los equipos de la Invernal Veracruzana pasaron de los 90 partidos jugados (el máximo en la Costa fue de 74 juegos).
Para dar una idea de "que tan larga fue", nos echamos en retrospectiva, advirtiendo que los registros más fidedignos (en este caso la "Guía" de Kid Alto) comienzan a darse con la temporada 1952/53 en la que, curiosamente - lo mismo que en la siguiente campaña - los 6 equipos que conformaban la liga jugaron igual número de partidos; esto es: 60. En la de 1954/55, a lo máximo que se llegó fue a 80 encuentros; la de 1955/56 vio como los Rojos del México llegaban a 81 juegos. Y, en la anterior, el campeón Poza Rica, vio acción en un total de 85 partidos.
Ahora bien: los Petroleros lograron el bicampeonato, de "la mano" de Jim Baumer (quien estuvo como manager/jugador), con una marca formidable de 64-27; los Pericos de Puebla "aterrizaron" en el segundo sitio (61-33) a 4 juegos y medio; los Cafeteros de Córdoba (con 54-44) a 13 y medio; y los Chileros de Jalapa (51-44) a 15.
Respecto a los equipos capitalinos: Rojos del México y Aztecas "de Peralta", abandonaron la liga, por las razones antes expuestas, el 28 de Diciembre de ese año de 1957 (para esas fechas tenían 23-31 y 20-39, respectivamente). La decisión, la de "tirar la toalla", la tomó - obviamente - don Alejo, pues él estaba afrontando los costos de esos equipos. Y la mayoría de los jugadores afectados tuvieron que ser repartidos entre los demás conjuntos (en la Costa, la decisión de los dueños de los Naranjeros de Hermosillo y Yaquis de Obregón fue cinco días antes).
De este "abandono", en la Invernal Veracruzana, Tomás Morales, en "su librito" (donde vertió esas remembranzas a través del sabroso capítulo "¡Aquellos Inviernos Calientes!") narra una anécdota muy graciosa (¡bueno!, ahora, pasado el tiempo, la podemos ver de ese modo). La historia comienza así: resulta que para dirigir a los "aborígenes" habían traído de nuevo a Johnny Riddle, que tan buen trabajo hiciera la temporada anterior. Pero esta vez no aguantó mucho. Así que al gerente del equipo (todo un "Junior") Plutarco Elías Calles, se le ocurrió traer de nuevo (a la Liga Invernal, ¡eso es!) al conocido Geo Genovese, que tan buen cartel dejó en aquel "ya lejano" invierno 1954/1955, con los Petroleros (ignoramos el dato, de si estaría dirigiendo algún equipo del Caribe; o estaba desempleado).
"Genovese", dice Tommy, "le echaba ganas al asunto; pero las gradas estaban vacías" (nos da a entender que la afición capitalina estaba "saturada" de tanto beisbol, en verano y en invierno, y dos equipos en cada competencia; o ¡bueno!, pudo haber sido "cualquier otra causa"; pero, continuemos).
"Y Chuck dejó al equipo. Entonces pusieron de timonel a Ray Mendoza (homónimo del famoso luchador); un pocho que al batear hacía un hermoso swing, pero casi nunca encontraba la bola. Y pasó lo chusco: Mendoza partió, junto con todo el equipo, de la capital a Poza Rica, para iniciar una serie contra los Petroleros. Pero, cuando llegaron allí, Ray recibió la orden de que se regresaran, pues tanto Aztecas como el México se habían retirado de la competencia. Así que Mendoza únicamente fue manager ¡en las ocho horas que duró el viaje en el autobús!
Pero veamos, ahora, algunos de los jugadores mas destacados, dándome la impresión de que los Petroleros no "jalaron" a muchos de esos jugadores desempleados, pues su plantilla era bastante sólida, contando con gente como Vernon Piver, quien bateó para .324, en la receptoría, respaldado por Juan (de Dios) Villarreal; Tony Washington (.356) cubría la primera; Baumer (.331) en la intermedia; la Pompa Olvera era "el eterno guardián" de la antesala; y en las paradas cortas David García. Como jardineros andaban Jesse Durán (.320) por la pradera izquierda; "Cañitas" Moreno (.302) en la central; y William Causion (.311, 15 jonrones y 71 producidas) por el right. Por lo que toca al pitcheo, Poza Rica tuvo a Aaron Flores, líder en ganados y perdidos, con 12-2; Pete Meza (que había jugado con Hermosillo la temporada anterior), con 11-3; Román Ramos (6-5); y, dividiendo su labor entre los Cafeteros y Petroleros, Eddie Locke, quien tuvo 19-7 (nueva marca, en ganados), el mejor promedio en carreras limpias, con 2.77, mas innings lanzados: 221, y hasta en más hits recibidos: 187. Completaban el staff Pepe Rayle y el infaltable Memo López.
Por su parte, los Pericos de Puebla tuvieron a Eddie Moore, con .350, y líder en jonrones y carreras producidas, con 21 y 75 respectivamente; Andrés Tanaka (lider en veces al bat, 342, y promedio de .319); Enrique Moreno (.315); a ellos hay que agregar a Vinicio García (segundo lugar en bateo, con .374) proveniente del Aztecas, así como Steve Boros (.324) y George Thomas (.308), que habían jugado con el México.
En cuanto al pitcheo, los poblanos contaron con Bob Giallombardo (10-2), Mario Cárdenas (4-2); Tommy Herrera (4-8); a ellos se les agregaron Lino Donoso "El Chucumite" (4-7) yTony Dicochea (14-10), quienes habían estado con los Aztecas.
Con los Cafeteros de Córdoba Ramiro Caballero (.361 y 70 producidas), Marvin "Coqueta" Williams (.332), así como los que vinieron de los Aztecas: Mario Luna (.351), Humberto Barbón y Raúl Galata, este último pitcher, quien le hizo compañía a Rafael Rivas (el cual terminó con 11-5).
Con los Chileros de Jalapa - cuarto lugar - estuvieron Fernando "Pata de Loro" Arrieta, campeón de bateo con .387; además de Mauro "Bailarina" Ramirez (México/Jalapa) con .332. Entre los lanzadores, un mediocre refuerzo, Joseph Shipley, con 7-14; Marte de Alejandro (10-7); y Sherman Jones (8-9).
Los Rojos del México celebraron un trato con los Tigres de Detroit, quienes les enviaron al manager, Willis Hudlin y a varios jugadores de su organización; algunos que ya mencionamos, y otros como Charlie Lau (quien fue mas conocido, años mas tarde, por su escuela de bateo, ¿remember Houston Jiménez?), y Bubba Morton, "y a un par de pitchers descontrolados"; aunque tal vez no haya sido uno de ellos Charles Daniel quien, al menos, con marca de 8-3 se ve que anduvo tan mal.
Del material mexicano hay muy poco de contar. Si acaso, los que menciona Tommy Morales en esta historia: "el manager, Hudlin, dispuso en parte de los entrenamientos que sus jugadores corrieran de jom a primera, para tomarles el tiempo. Después que lo hicieron Mauro "Bailarina" Ramirez, Blas "Máscara" Guzmán y José Luís "Chito" García exclamó: si quiero a alguien que corra en este equipo, mejor voy a buscarlo a un hipódromo".
"Al menos", finaliza Tommy, "el que se salvaba era el jarocho "Chito" quien, con su manejo del idioma inglés le servía de intérprete a su manager, Hudlin, y lo entretenía contándole parte de nuestro pasado prehispánico, diciéndole que nuestra raza auténtica es la del indio, del aborigen; y le ponía de ejemplo al "Máscara" Guzmán. Al gringo le parecía divertido, pero a Blas...¡nadita!".
Es todo lo que tenemos, de lo que fue la temporada regular 1957/58 de la Liga Invernal Veracruzana. Lo anterior, una mezcla de mis recuerdos, mas la información de la Guía de The Sporting News. Y, también, un poquito más, de lo que publicó Tomás Morales. Será necesario apoyarnos, ahora, en la página de la Liga de la Costa, que aparece en Internet, para ver las actividades que realizaron mancomunadamente los dos circuitos; esto es: Juegos de Estrellas y Serie Final. Fotos: Willis Hudlin; Steve Boros; Charlie Lau.
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