La Liga Mexicana de Beisbol tuvo que dar ese paso que durante los últimos años se aferraba y negaba a hacerlo: disminuir su número de franquicias. Las voces de angustia, de desesperación y de reconocer que caminar por la línea en que lo estaba haciendo no era la correcta, como tampoco los experimentos en un 2018 que terminaron por aceptar que estaban regando todo el tepache.
Cuatro clubes se salieron del camino que no los llevaba a un objetivo, y sus dueños aprovecharon el pleno de una reunión para levantarse de la silla y al más puro estilo de aquella frase de Roberto “Manos de Piedra” Durán en una desigual batalla con Surga Rey Leonard decir “No Más”, abandonando el cuadrilátero.
Aunque la noticia sacudió al beisbol profesional desde sus entrañas, salir a los cuatro vientos era como una muerte anunciada. A muchos sorprendió, pero también a varios no les cayó de extraño, después del par de torneos celebrados en este 2018 y las amenazas de invadir espacios a su hómologa de invierno, un proyecto que tomará otro giro.
Aguascalientes, Puebla, Torreón (Unión Laguna) y León ya no tendrán beisbol, al menos por el próximo año, si es que el asunto no cae en estado vegetativo. Pericos y Algodoneros se hicieron el “harakiri”, forzados por sus propios dueños que ya no soportaban el peso de contar con dos franquicias repartiendo ingresos para tratar de alcanzar un equilibrio que en lo económico no funcionó.
Rieleros y Bravos se subieron al carrusel aprovechando esta recta de 90 millas pegada al cuerpo para abanicar y ponchar, debido a la situación económica que tiene como fondo la abrupta salida. Un Aguascalientes a quien su propio gobierno –su dueño- ya no quiso continuar aplicando recursos del erario para un pasatiempo con intereses para unos cuantos.
León cayó en el fondo de una noria de la que no pudo salir, originando reclamos y más reclamos no solamente de sus propios jugadores sino también de proveedores que exigían sus pagos. Sin posibilidades de subsanar sus finanzas, se emergió del pozo solo con fuerzas para vivir, pero no para seguir ejecutando la misma tarea.
DESEMPLEADOS. El golpe más importante con esta decisión tal vez no lo haya recibido la afición. Aquí el nocaut se le aplicó de manera directa a los peloteros, personal de oficina y estadio, vendedores, etc, que ven lastimosamente cómo se ha cerrado una fuente de empleo en estos momentos en que hasta para sobrevivir es difícil.
Son más de un centenar de jugadores nativos, entre consolidados y prospectos, que ven truncado –la gran mayoría- continuar una carrera por la que se inclinaron mejor que la universidad, creyendo que el camino en este oficio era más largo que la carretera México 15.
¿Cuántos de ellos podrán tener la oportunidad de poder llevar la despensa a sus casas el año próximo? Realmente muy pocos, y serán aquellos que se hayan manejado en una lista VIP el torneo pasado y algunos anteriores más. El resto tendrá que voltear hacia otros horizontes que tampoco serán fáciles de encontrar.
La LMB elaboró un plan de contingencia que beneficiará a unos cuantos, pero que al mismo tiempo podría perjudicar a otros. Por lo pronto ven saludable eliminar un extranjero del número venían necesitando, para abrirle ese espacio al elemento que jamás se imaginó que su último turno al bat o lanzamiento al plato al culminar la temporada pasada para ellos, pudo haber sido el último.
Nadie asegura que esas plazas volverán después de su año sabático. Laguna y Puebla, propiedad de los mismos dueños de Yucatán y Monclova, pusieron esas franquicias sobre la mesa esperando que alguien levantara la mano y les soltara un buen billetes por ella. Nadie lo hizo, porque al menos en las últimas temporadas solo eran malas inversiones.

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