Al Bat
Lamentable lo de Loaiza
Por Jesús Alberto Rubio.
Muy lamentable la noticia en torno a lo que sucedió
con Esteban Loaiza.
Otro caso más de grandes protagonistas del beisbol
profesional involucrados en ese tipo de actividad
relacionada con el tráfico de drogas.
Ferguson Jenkins y Orlando Cepeda, fueron en su
tiempo ejemplos de esa naturaleza; el primero, por
cierto –ya lo hemos dicho múltiples ocasiones-- en el
Salón de la Fama del Beisbol de EU con sede en
Cooperstown.
Qué cosa, dirá Pete Rose, el apostador.
Hay más, por supuesto.
Y conste que en el deporte
profesional no sólo ocurre
en beisbol.
El abuso de sustancias químicas, consumo de heroína,
cocaína y alcohol; adicciones,
/rehabilitación/tratamiento/clínicas/posesión/distribuci
ón y venta/narcotráfico, en verdad que son los
conceptos que no deberían aparecer en el
ámbito/firmamento beisbolero y cualquier otro
deporte.
De ninguna manera, pero ya sabemos.
Esto que ocurre con Loaiza, ufff, representa un pésimo
ejemplo a la niñez y la juventud; a esa nueva
generación que crea, siente y forja ídolos… que
muchas veces “son falsos”.
El otro lado de la moneda
Mejor vamos al lado amable del beisbol.
A la mención de un icono-héroe natural, noble,
humano y eterno: Roberto Clemente.
Un personaje leyenda que ha sido exaltado a 18
pabellones de la fama.
Una personalidad cuyo nombre e historia han sido
reseñados en más de 75 libros… y hoy es el atleta que
le han erigido.
Un pelotero que también trascendió como un abierto
luchador por las causas sociales y los derechos civiles.
Ya lo dijo el colega Julio Ricardo Varela/ESPN:
“Clemente luchó por la causa de los derechos civiles
en la década de los 60, y en 1968 y comandó a sus
compañeros de los Piratas cuando decidieron no jugar
el partido inaugural esa temporada, apenas días
después del asesinato de Martin Luther King, Jr., a
quien Clemente conoció en Puerto Rico años antes.
Era la personificación de la conciencia social, hasta
que falleció en un accidente aéreo en 1972 mientras se
destinaba a entregar artículos diversos a fin de ayudar
a las víctimas de un terremoto en Nicaragua, una
tragedia que quedó por siempre impresa en la historia
puertorriqueña, latinoamericana y, sí, la de los Estados
Unidos.
“Roberto Clemente es mi héroe. Es la personificación
de un atleta que trascendió al mundo en general, tanto
él como Muhammad Alí”, también dijo Chuck D. en
una ocasión. (Chuck, compositor, actor, y productor de
música rap, además de locutor de radio y ensayista, así
como principal vocalista y letrista de Public Enem).
Y mire lo que viene: ¡una película de su vida!
El filme biográfica del astro es a juicio de su familia,
el último gran proyecto que faltaba por hacer para
extender aún más el legado del pelotero boricua.
El artículo,
en: https://www.elnuevodia.com/deportes/beisbol/nota
/lapeliculadeclementeeraelhomenajequefaltaba2397191/#cxrecs_s
El 32 de Halladay
Los Azulejos de Toronto retirarán el No. 32 de Roy
Halladay; sucederá antes de su primer partido de la
temporada ante los NYY, el 29 de marzo.
Halladay murió a los 40 años el 7 de noviembre
cuando la aeronave que él mismo piloteaba se estrelló
en el Golfo de México.
El 12 de Roberto Alomar es el único otro número que
los Azulejos han retirado.
Toronto portará un parche con el número 32 en sus
uniformes esta temporada.
Halladay pasó 12 de sus 16 temporadas de Grandes
Ligas con Toronto y registró marca de 148-75 con los
Azulejos y cinco elecciones al Juego de Estrellas.
Ganó el Cy Young de la Liga Americana en 2003
después de fijar un record del club con 22 victorias.
Halladay jugó sus últimas cuatro campañas con los
Filis de Filadelfia.
La expansión caribeña
¿Más Opiniones sobre el proyecto de expansión de las
Series del Caribe?
Le tengo una del gran colega reportero gráfico de
nuestra alma mater.
Verá qué cosa:
Cruz Teros Canizales:
Si hay expansión, con equipos invitados, de cualquier
parte del mundo, las Series del Caribe no tienen por
qué cambiar su nombre.
Es como si la NBA como un ejemplo, invitara a
equipos de Italia, España Brasil o México a jugar en su
circuito.
¿Tendría que tener otro nombre?
¡De ninguna manera!

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