Uniformes a rayas:
Ostioneros y Yankees
Por Jesús Alberto Rubio.
Mientras inicia el juego
México-Italia…
Tenía unos seis-siete años de edad
cuando los hermanos Duarte, vecinos nuestros en Guaymas, siempre nos compartían
para darle lectura una enorme colección de revistas Hit y Super Hit, además de
que ahí en su casa, escuchábamos embelesados
las incidencias radiales de las series mundiales de fines de los años 50´s. ¿Y
sabe a qué equipo admiraban en Ligas Mayores?: ¡a los Yankees!
Eran aquellos días en que los
Ostioneros de Guaymas también se distinguían en la pelota invernal en usar
uniformes ¡a rayas, como los mismos Mulos del Bronx!
Nadie más, ningún otro equipo del
circuito, lucía su uniforme de esa forma.
Yaqui Ríos.
Sí, aquellos jersey y pantalones de
franela que eran un verdadero primor, por supuesto sin la más mínima pizca de
logos publicitarios como sucede hoy en día, sino más bien limpiecitos de
principio a fin.
¿Y a dónde voy con este recuerdo…?
A que fue precisamente en ese
periodo/época, en que nació mi gusto por la franela y el histórico equipo de Nueva
York y, claro, ¡por los Ostioneros campeonísimos de esos años y ni me pregunta
si me perdía de ver sus juegos en el Abelardo L. Rodríguez.
Y verá que cosa:
O pedía a algún pelotero el guante o
los arreos a la entrada del estadio, ¡por la puerta principal... o bien entraba
brincándome la barda por el jardín derecho. Y al rato estaba encantado de la
vida atrás del back stop central, o encaramado en alguno de los dogouts.
Olvídese.
Y no recuerdo cuando pagué por
entrar.
Niño soñador y travieso, al fin. Y
con todo que me ganaba mis centavitos vendiendo el Diario de Guaymas que nos
entregaba todas las tardes don Olegario.
El presente y futuro
Con Gary Sánchez y Greg Bird, los
Yanquis de Nueva York confían que están en condiciones de pelear por clasificarse
a los playoffs, inclusive cuando están inmersos en un periodo de renovación
juvenil.
También en ese nivel y misma edad
está Aaron Judge.
Entre otros.
Los toleteros de 24 años –Sanchez y
Bird-- están a todo vapor en los juegos de pretemporada: ambos batean bien por
encima de .300, con tres jonrones cada uno.
JUAN ANTONIO JASSO:
Jesús Alberto, siempre he sostenido
que los equipos se deben observar desde su pretemporada para saber cómo vendrán
en su acción real. Tal es el caso de Yankees, Piratas y todos los demás. De
igual manera así lo veo para el clásico mundial. Así y a partir de mañana
sabremos de qué color nos va pintar el futuro en este aspecto. Vamos México.
EDUARDO ALMADA:
La casa de los Charros ha
sufrido una constante metamorfosis desde que la directiva adquirió la
franquicia en 2014.
Ahora sin lugar a duda es
un formidable estadio del deporte rey.
Su cupo no es el máximo,
aún; pero es indudable que las mejoras lo han colocado rápidamente muy cercano
a la calidad de los parques en Mexicali, Hermosillo, Obregón, y Culiacán que
está a la vanguardia.
Con aforo de 16,000
aficionados, más un nuevo infield igualmente artificial, los vestidores ya son
de súper lujo, las cabinas y área de prensa para 120 miembros de los medios
conllevan una sala de “catering” (atención alimenticia) con la mejor vista
puesto que se encuentran en la máxima altura, exactamente detrás del “home”.
La barda jonronera luce
un sorprendente vistoso azul y sólo unas horas evitan estrenarlo todo.
Alrededor de $25 millones
de mejoras en poco más de 2 meses.
¡Titánico esfuerzo!
CESÁREO SUÁREZ NARANJO:
Pues, con todo y de que Héctor
Barrios Fernández señala que "Martin Dihigo tenía débil habilidad
bateadora", no olvidemos que en 1938, además de lograr la triple corona de
pitcheo, también se llevó el título de bateo.
Así que, ¿a dónde vas, chico? (Que
decía el Maestro, cuando un corredor se quería tomar libertades en los
senderos).
En efecto, le advierto a Cesáreo.
Al principio, tuvo problemas con su
bateo. (Sobre ese aspecto, muy bien lo advirtió en su texto Héctor Barrios:
desde sus primeros problemas a la hora de batear, Martín trabajó y desarrolló
gran habilidad bateadora a la edad de 20 años. Se convirtió en excelente
bateador).
POR HÉCTOR BARRIOS FERNÁNDEZ:
Los equipos contrincantes a los de
Willie Wells en las Ligas Negras de los 1930s y principios de los 1940s, se
repartían este sólido consejo: “No bateen por el short, el mismo diablo juega
ahí.”
Nacido en San Antonio, Texas, Willie
James Wells, (1905-1989) su apodo fue “Devil”, “El Diablo”, el cual se lo ganó
mientras jugaba béisbol en México, esto debido a su trabajo defensivo
precisamente en la posición de las paradas cortas.
Tenía manos increíblemente seguras,
él siempre parecía estar en el lugar y en el momento correcto y diabólicamente
sacaba a los corredores por escaso margen.
Estudiaba a los bateadores y sus
tendencias para compensar su brazo no tan bueno. Estaba orgulloso de poder
sacar a los corredores en las bases por menos de un paso. Wells fue uno de los
mejores cuatro campo cortos en la historia del béisbol negro.

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